Isla Mocha: para volver siempre

Isla Mocha: para volver siempre

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La isla Mocha.

Es difícil creer que una isla tan pequeña esconda entre sus 45 kilómetros cuadrados desde historias de piratas hasta el avistamiento del cachalote que fue inspiración para el clásico de la literatura Moby Dick (originalmente conocido como Mocha Dick) y como si todo esto fuera poco, también sea el epicentro de algunos fenómenos de la naturaleza tan particulares como la llegada y nidificación de la Fardela Blanca, ave marina que vuela a la isla desde Estados Unidos y Canadá a tener su único polluelo y en el mismo nido, y así lo hace y repite cada nuevo año. Porque la Mocha es así. Es un lugar para volver siempre.

Ubicada frente a las costas de Tirúa –en la Región del Bío Bío-, desde este punto a la isla sólo es posible acceder por vía aérea. Y aunque son 36 los kilómetros que la separan del continente, Isla Mocha es uno de los lugares más desconectados de nuestro país. Tal vez por lo mismo conserva intactas sus costumbres y maravillosos atractivos.

Desde el aeródromo de Tirúa no son más de 15 los minutos de vuelo hasta llegar a la punta sur. Allí el visitante es recibido con amables saludos por los primeros isleños que, en total, no suman más de 800 personas, dedicadas principalmente a la pesca, quienes se distribuyen mayoritariamente en su lado norte.

Así comienza la “4° Ecotravesía del Bío Bío” un programa de la seremi del Medio Ambiente de la Región del Bío Bío, que en esta oportunidad consideró la participación de una delegación de su homólogo en La Araucanía, grupo liderado por el seremi de la cartera, Marco Pichunman.

“Se trata de un programa de educación ambiental que tiene como objetivo acercar a la ciudadanía a aquellos espacios de alto valor de conservación y de importancia ecológica para el país. Por medio de una metodología experiencial e interpretativa, expertos enseñan a los visitantes a conocer y entender los procesos ecológicos asociados a estos espacios y así transmitir conceptos de cuidado medioambiental y conservación en general”, relató el seremi de la Araucanía.

Complementando, el profesional de la seremi del Bío Bío, Pablo Azúa, explicó que se han trazado diferentes circuitos en el Bío Bío y que particularmente esta actividad en Isla Mocha fue asociada a la conservación de la Fardela Blanca.
MUCHO QUE CONTAR
Definitivamente, esta isla tiene mucho que contar desde el punto de vista antropológico y ecológico. En el primero, loa lugareños relatan que para los mapuche que vivieron en las costas continentales cercanas a la isla en tiempos precolombinos era un lugar sagrado, donde iban los espíritus de los muertos, escoltados por ballenas. Además, en el lugar se han encontrado osamentas de antiguos viajeros polinesios.

Y es que gracias a ese mismo aislamiento ha sido posible conservar el hábitat, que consta de planicies alrededor de toda la costa y una pequeña cordillera cubierta de bosque nativo en el medio. Esta verdadera joya del territorio es la Reserva Nacional Isla Mocha.

La masa boscosa de su pequeña cordillera es la que más llama la atención de los caminantes: bosques de ulmos, arrayanes, boldos, lingues, tepas y canelos forman una selva espesa donde abundan aves de todo tipo como el churrín de la Mocha, los zorzales, rayaditos y pilpenes. Otra ave endémica es el chucao de Isla Mocha (Scelorchilus rubecula mochae). La fauna es igualmente variada, y en la isla se encuentran especies de pudúes hasta ratoncitos oliváceos, ranitas de Darwin, sapitos cuatro ojos y lagartijas vientre azul.

Pero de lo que cabe duda es el atractivo único que regala la isla: ser partícipe de la llegada y anidación de la Fardela Blanca (Puffinus creatopus), especie vulnerable de la que no quedan más de 50-60 mil individuos en todo el mundo. De ellos, más de 40 mil se pueden encontrar en territorio insular chileno.

La Fardela Blanca es un nidificante endémico de Chile que anida sólo en las islas del archipiélago de Juan Fernández y en la Isla Mocha: estos son los únicos lugares del planeta que elige para nidificar en los últimos meses de la primavera y verano (entre noviembre y marzo) en cuevas ubicadas en laderas vegetadas conocidas como “fardelarios”.

Quienes tengan el privilegio de asistir a este espectáculo deben prepararse a subir al menos 500 metros con una pendiente importante. Imposible no ayudarse con bastón de escalada y linterna frontal con luz roja para no entorpecerlas ni menos alterarlas. Las Fardelas salen de sus nidos en las noches, y por este motivo también se les conoce como “Fardelas de la Noche”.

A la llegada del otoño, migra hacia al norte por aguas de Perú, Ecuador y Centroamérica para llegar a California e incluso hasta Alaska y el mar de Bering, pasando allí nuestro invierno austral, para volar nuevamente miles de kilómetros y retornar a sus territorios de nidificación (siempre al mismo fardelario de la temporada anterior) alrededor del mes de noviembre.

La especie, que tiene sólo 3 lugares conocidos de reproducción en el mundo (dos islas en Archipiélago Juan Fernández e Isla Mocha) sólo tiene un polluelo por temporada. Por eso también su condición de vulnerable. Son monógamas (una sola pareja de por vida) y puede llegar a vivir unos 60 años. Contemplarlas es un espectáculo inolvidable.

Los principales peligros para la supervivencia de esta ave en sus puntos de nidificación, guardan relación con la pesca (caza incidental y competencia por el mismo alimento) y la contaminación (hidrocarburos y plástico en el mar). En tierra, las amenazas son atribuibles a los mamíferos no nativos introducidos por el hombre, que las depredan (gatos asilvestrados, coatíes, ratas y, en algunos casos, perros) y otros que usurpan sus madrigueras (conejos europeos) y degradan sus hábitats (ganado).

“Mocha Dick fue una notable ballena macho que vivió en el océano Pacífico a principios del siglo XIX, encontrado usualmente en las aguas cercanas a la isla Mocha, al sudoeste de Chile” (Wikipedia).

Los apuntes y archivos revelan que Mocha Dick sobrevivió a muchas escaramuzas con balleneros (al menos 100) antes de ser muerto. Era muy grande y fuerte, capaz de hacer naufragar pequeñas embarcaciones con su aleta caudal. Se cree que fue el responsable del hundimiento del Ballenero Essex en 1820 cuyos marineros vagaron por el océano Pacífico hasta la isla Henderson, en donde fueron rescatados y desembarcados en Valparaíso, donde relataron sus aventuras.

El explorador Jeremiah Reynolds reunió la observaciones de primera mano de Mocha Dick y publicó su relato, «Mocha Dick o la ballena blanca del Pacífico: Una hoja de un periódico manuscrito», en la edición del The Knickerbocker para mayo de 1839, describiendo la ballena como: un viejo cachalote, de prodigioso tamaño y fuerza… blanco como la lana. De acuerdo a Reynolds, la cabeza de la ballena estaba cubierta con percebes, lo cual le daba un aspecto rugoso. En la narración de Reynolds, Mocha Dick fue muerto en 1838, después de venir en ayuda de una hembra angustiada cuyas crías habían sido muertas por los balleneros. Su cuerpo tenía aproximadamente 24 metros de longitud y se obtuvieron 100 barriles de aceite, junto con algo de ámbar gris. Tenía algunos arpones incrustados en su cuerpo.

Según cuentan algunas crónicas literarias, Herman Melville quedó tan impactado con el texto de Reynolds, que lo usó de modelo para escribir su obra maestra: Moby Dick. En todo caso no fue el único novelista: Allan Poe, Lovecraft y Verne también le deben algo. La transformación de “Mocha” a “Moby”, sin embargo, presenta un misterio mayor. El mismo Melville nunca explicó el origen de esta última palabra.

Y así, esta pequeñísima isla suma sus desconocidos y casi enigmáticos atractivos: sus zonas de naufragios, los faros desde donde se avistaba a los piratas, caballos sueltos y al galope por el camino y especialmente, la calidez de su gente. Todo esto además –por supuesto- de la Reserva Nacional Isla Mocha que ocupa casi la mitad de su territorio, la belleza de sus playas y una incipiente oferta y servicios (desde el avistamiento de cetáceos, trekking, cabalgatas, buceo a embarcaciones hundidas, hasta la práctica de la pesca con mosca y el agroturismo) la convierten en un destino soñado para los amantes de la naturaleza y de la aventura.

Isla Mocha es un lugar para volver siempre, como la Fardela. Los motivos sobran: para volver por la aventura y la experiencia intensa. Pero sobre todo, volver por la desconexión absoluta, el descanso y al final del día, los mejores recuerdos.

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