Conozca a Mario Samaniego: Académico español que hace 18 años analiza la identidad de la región

Conozca a Mario Samaniego: Académico español que hace 18 años analiza la identidad de la región

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Fue con la idea de conocer y adentrarse en la cultura de América Latina, que hace 18 años llegó a Chile un joven Mario Samaniego, proveniente de Salamanca, España, que aunque poco y nada conocía de Temuco, aceptó la propuesta de un amigo y se instaló en esta ciudad. Titulado en Filosofía, al poco tiempo comenzó a trabajar en la Universidad Católica de Temuco y paralelamente viajaba a Santiago a desempeñar labores en la Arcis.

Hoy sigue trabajando en la UC Temuco, siendo actualmente el director del Departamento de Antropología -antes fue decano de la Facultad de Artes y Humanidades por dos periodos-, ha estado interesado en impulsar el desarrollo de las artes y de la cultura en la región. Su nombre ha resaltado gracias a investigaciones sobre temas de convivencia en el marco la de diversidad social y cultural, con proyectos financiados por organismos públicos y privados, participando como conferencista en diversos congresos, tanto nacionales como internacionales.

En estos años, Samaniego ha avanzado junto a su universidad y ha visto los cambios que ha tenido esta casa de estudios, así como los que también ha tenido Temuco, sobre todo en el tema patrimonial. «Yo no manejo, lo mío es caminar , me gusta andar por los barrios viejos, los que comunican», dice. Y quizás son estas caminatas las que le han permitido a este español escuchar la ciudad y entenderla, transformándolo en una voz autorizada para hablar sobre su identidad y los peligros de que ésta se convierta en «plástica».

En esta entrevista exclusiva a Proaraucanía.cl nos habla sobre estas preocupaciones, su visión de la ciudad, de la academia universitaria y sus conclusiones tras diversos estudios sobre identidad e interculturalidad.

– ¿Antes de que le planteen la idea de venirse a Chile, qué es lo que conocía de nuestro país?
La verdad es que poco conocía de acá, salvo los clichés. Había, claro, escuchado de Allende, Neruda, Gabriela Mistral o Viña del Mar, pero más allá de eso, nada.

– Menos de Temuco…
Poco y nada, tenía una referencia del pueblo mapuche, pero más allá nada.

– ¿Cómo fue la experiencia de llegar a un país que no es el suyo, con una cultura y costumbres distintas?
Yo llegué bien joven, o más joven que ahora, tenía 29 años. Fue un cambio significativo, muy interesante, vivir en un contexto distinto al tuyo tiene sus desafíos. Pero el sur de Chile me atrajo desde un principio, me gustó en términos paisajísticos, su trama social, cultural, la historia de Temuco, etc.

– ¿Encontró en las actitudes de los chilenos algunos rasgos que pudiesen ser herencia de los españoles?
En una primera mirada, inevitablemente, un tanto etnocéntrica, más que herencia lo primero que encontré fue mucha diferencia, sobre todo en el sur de Chile, donde la gente vive muy “enclaustrada” en el hogar, con calles vacías, con un escaso uso público de la calle, muy diferente a España. Otra diferencia es que acá hay un valor a la familia, los asados se hacen en familia más que con los amigos. Allá esto es distinto, primero los amigos.
En cuanto o lo de la herencia de los españoles eso es algo muy abstracto, porque en España hay personas muy distintas, con formas de ser muy distintas. Pero bueno, está la lengua que es lo más evidente, además hay muchas raíces en términos de comidas, de vestidos, de tradiciones rurales que se dicen que son muy chilenas, pero que la verdad se me hacen muy familiares.
¿Cómo fueron sus primeros años en la UC Temuco? ¿Era una institución muy distinta a la actual?
Cuando llegué a la universidad empecé por horas, posteriormente iría asumiendo nuevos desafíos y avanzando con ella. Era una universidad distinta a la actual, así como todas las de la ciudad, producto creo yo de una mayor competitividad dada la dinámica de mercado a la que ven sometidas. Recuerdo que este sector era muy distinto, la transformación de la Avenida Alemania ha sido enorme, era una arteria que tenía su idiosincrasia, lejos de ser una zona comercial o financiera.

– ¿Cuándo se dio cuenta de que se estaba quedando definitivamente en Temuco?
Nunca se sabe, estoy muy bien en esta ciudad y muy agradecido de ella, pero el futo es muy difícil preverlo (risas)…

– ¿Todavía se siente de paso?
No, no de paso, me siento muy a gusto, sólo que todavía no he tenido ese click que me diga que me he quedado para siempre. Yo estoy aquí, tengo mis hijos aquí, de hecho con mi actual pareja estamos esperando que nazca nuestro hijo en navidad, pero como te digo, nunca se sabe

– Durante estos años en la universidad usted se ha destacado por sus trabajos de investigación en las ciencias sociales, cuéntenos de esta experiencia en la región… Fundamentalmente he trabajado bastante lo que son las relaciones interculturales, las problemáticas de convivencia en un contexto plural tal como en el que estamos, desde una perspectiva ético política, desde la filosofía. Lógicamente el contexto en el que uno está situado interpela en el trabajo que uno realiza, pero no me puedo considerar ni mucho menos un especialista en relaciones interétnicas en el marco de la Araucanía. Pi

– ¿Qué conclusiones ha tenido con estos estudios?
Muchas, pero algo importante para esta región es volver a parlamentar:
acostumbrarnos más a cultivar la palabra. A modo de ejemplo, es significativo señalar que de los Parlamentos que llevaron a cabo la sociedad mapuche y española durante el siglo XVI al XVIII, podemos aprender mucho para pensar y poner en marcha unas convivencia más inclusiva , menos violenta y enriquecida por el potencial de las distintas identidades culturales que cohabitan en este territorio.

– ¿Por parte del Gobierno o los mapuche?
Todos los actores debemos poner de nuestra parte. También los académicos y en general toda la sociedad civil. Creo que esa idea de parlamentar se ha perdido y la situación que se vive se mira desde prismas un tanto restringidos y por tanto excluyentes: se da mucha importancia a la seguridad nacional, al orden, y la productividad como claves para forjar una mejor sociedad. Y esas claves no creo que sea la llave para que nuestra región pueda prosperar o tener una vida más a gusto y más justa entre todos. En siglo XVII al XVIII se hacían otras cosas, se hablaba cara a cara, se validaban los marcos interpretativos del otro, claro que eso ocurrió en un momento en que el español se dio cuenta que no podía doblegarlos por medio de la violencia, pero creo que es un esquema de convivencia y político que es bueno rememorarlo para actualizar nuestro presente y ser imaginativos a la hora de buscar soluciones donde prime la justicia social y cultural.
¿Qué le parece que el mapudungun no se enseñe en nuestra región?
Bueno, eso tiene que ver en que falta una política de reconocimiento, con el valor que se le otorga o no a una lengua, especialmente a una minorizada.
Hay intentos a través de programas de políticas de educación intercultural, pero son débiles con relación a la situación de otras lenguas miniorizadas, yo no veo una política lingüística clara que efectivamente quiera potenciar la lengua, dotarla de legitimidad social e institucional, o sea, que finalmente el mapudungun tenga cabida como lengua oficial. Algo importante es que la sociedad deba preguntarse si quiere contar con toda esa riqueza cultural o no. No debemos preguntar si lo vivimos como algo necesario o queda en el ámbito de lo valorable (algo lindo, hermosos..) pero no necesario

– ¿Algo muy lindo y pintoresco que también lo quieren convertir en un producto vendible?
Claro, la dinámica globalizadora todo lo quiere transformar en mercadería, y ese es un problema. Está esa mirada de que si existe una riqueza cultural se puede transformar en mercancía, entonces, claro, perfecto, ¡que viva esta cultura! siempre y cuando ella no nos afecte, esto es no transforma el orden social reinante. Mi perspectiva es otra, no es tanto incluir al otro, como relacionarse con el otro para transformar lo que hay.

– ¿Ha conocido experiencias en otros países con una situación similar a lo que se vive en Chile con los mapuche, en donde se haya tenido resultados positivos?
Claro, en Ecuador, Colombia o Bolivia, donde se han dado posibles pasos, no los únicos que en nuestro contexto no se han explorado suficientemente:
existe un reconocimiento constitucional de los pueblos indígenas, un reconocimiento plurinacional del Estado, ellos han dado pasos que acá todavía no se dan.

¿Cómo se debe potenciar la cultura mapuche?
Yo no soy de los que crean que hay que potenciar una cultura, todas las culturas son potentes en sí mismas, sí hay que ayudar con políticas de igualación lingüística, pero lo más importante es el reconocimiento de las culturas, en una línea que es jurídica, donde se deben reconocer ciertos derechos, que se valore al otro, mapuche o quien sea, sobre la base del contacto que uno tiene con él. Ese es el reconocimiento fundamental, no a priori decir que los mapuche son súper capos y que tienen una historia preciosa. El camino es relacionarse y a partir de esa interacción, de un contacto concreto, es donde se aprecia el valor que tiene el otro en su diferencia.

– ¿Puede ser esto complicado en una sociedad que se dice que es cada vez más individualista?
Claro, ese diagnóstico es válido, pero a la vez ocurre que yo aunque quiera vivir al margen del otro, no puedo, incluso el otro está dentro de mí. Si hace treinta o cuarenta años atrás los mapuche como actor político no existían, ni como agente social, vivían en el campo y en las comunidades, hoy son un actor político para bien o para mal, entonces el otro está ahí, no pueden estar fuera del debate felizmente. Si bien, efectivamente la sociedad se estratifica, por otra parte, es muy difícil que alguien no se relacione con otro, aunque éste tenga atributos de minoría. En Santiago hay colegios donde hay niños de distintos países, eso es una nueva sociedad, donde se comienzan a tejer relaciones e interacciones que parten no desde el estereotipo, sino que desde el contacto real, y cuando eso pasa el estereotipo puede reconstruirse o quebrarse.

– ¿Es posible hablar de una identidad mapuche en estos tiempos?
Claro, pero creo no se puede esperar que siga siendo igual que en sus orígenes, la cultura cambia, se transforma, los pueblos indígenas no tienen por qué ser del pasado, eso es arrinconarlos al pasado, si esto sucede no tienen voz en el debate presente, y si le quitas el presente no tienen vida.
¿Cómo se vive la multiculturalidad en la UC Temuco?
El tema intercultural en nuestra universidad es algo muy importante, tanto a nivel de cómo comunicarnos y vincularnos con una región que es intercultural, y con todo lo que eso trae en términos éticos, políticos, etc. La Católica de Temuco se define a sí misma como una universidad regional en un contexto de diversidad social y cultural. Claro, esto es un desafío, donde hay que ir poco a poco, ya que las universidades tradicionalmente se constituyen como una institución monocultural. Hoy en día, más allá de sus misiones o visiones, las universidades están tensionadas por temas de financiamiento, y esto obliga a ser imaginativo a la hora de intentar ser fiel a los valores que quieren orientar su quehacer.
Pero es posible. En Colombia, Ecuador o en México, hay universidades interculturales con apoyo estatal, con una base indígena bien organizada, que han sido capaces de lograr cosas.

– ¿Cómo observa el desarrollo del estudio de las ciencias sociales en La Araucanía y en lo particular desde su universidad?
Creo que las ciencias sociales en la región tienen mucho que decir, ya dicen bastante, pero en el futuro tendrá que ser mucho más. Yo creo que hay que desarrollar metodologías, ideas, categorías de las ciencias sociales para entender y proyectar esta región. Aquí en la universidad ha habido una tradición importante en temas interétnicos interculturales en los últimos cuarenta años, que se ha cultivado fundamentalmente desde la Escuela de Antropología, actual Departamento de Antropología. En la actualidad existe el Departamento de Sociología y Ciencias Políticas, que complementan mucho al de Antropología. El diálogo también se extiende al Trabajo Social y la Psicología Pero esta región requiere escuchar más a las ciencias sociales y nosotros tenemos que saber comunicar de mejor manera nuestro pensamiento

-Usted fue Decano de la Facultad de Artes en la universidad, ¿qué tal la experiencia?
Bueno, estuve en dos periodos, siete años en total. Fue una experiencia intensa, de mucho aprendizaje, donde uno es responsable de un proyecto académico, la persona que debe propiciar la creación de un proyecto de desarrollo académico con todo lo que incluye, en términos de docencia, de investigación, extensión, etc. creando programas, equipos, redes de trabajo con otras universidades. Y bueno la naturaleza de las disciplinas y su valor en la sociedad, generan muchos desafíos y hay que hacer frente a no pocos obstáculos. Algunas cosas se sacaron adelante y otras no, siempre lo más difícil es el tema del financiamiento de ideas, se vive con los recursos justos. Pero en ese tiempo creo que se organizó la Facultad, crecimos cuantitativa y cualitativamente, se potenció la investigación y se desarrolló fuertemente el área artística cultural.

– En este sentido, ¿qué le parece el desarrollo de la cultura en Temuco?
Temuco ha ido despertando en muchos niveles, en cultura hay algunos espacios más, pero tampoco es que crea que tiene un gran desarrollo artístico cultural, o un hábito ciudadano de consumo de cultura. Se tiene el Teatro, que está bien, pero representa un tipo particular de consumo cultural. Hay otros espacios de desarrollo que son minoritarios, además, si uno examina medios no tan tradicionales, nos damos cuenta que ésta sigue siendo una tierra de artistas, que trabajan muy a ñeque.

– ¿Desde su visión, cómo se ha cuidado la identidad y el patrimonio de la ciudad?
Hay algo que he visto muy de cerca y me da mucha pena, que es lo que ha pasado con la Avenida Alemania. Temuco es muy joven y pareciera que no tiene reales intereses por cuidar su patrimonio, es muy desalentador lo que pasa aquí. La Avenida Alemania era un espacio con identidad, ahora es un no lugar, un espacio funcional, de consumo, con un casino que tiene hasta un nombre en inglés, habla que Temuco es una ciudad que pierde sus identidades.
No quiero ser romántico, pero creo que si no hay memoria o tradiciones, difícilmente uno sabe dónde está o para dónde se va, vivimos en una cultura plástica, de una modernización compulsiva, donde prima el consumo en estos espacios.

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